
Era ese momento de la tarde-noche en la que los contornos mas que verlos los adivinas. Navegaba a vela en las inmediaciones del puerto de Valencia, en demanda de la bocana de La Marina Real, y cuando me disponía a encender el motor, oí un ruido, como un fuerte “chop” por la popa, como la zambullida de un cormorán inmenso. Pero … los cormoranes no pescan por la noche, pensé… , un poco temeroso cogí con fuerza la caña del timón, me aseguré de que no tenía ninguna otra embarcación en las inmediaciones a rumbo de abordaje, de que mi posición con respecto a las balizas ópticas del puerto era correcta, y escruté atento mi estela, por ver si podía averiguar el origen de aquel sonido.
Dos grandes medusas fosforescentes, se me antojaron los ojos de una formidable criatura, cuyo contorno estaba formado por la estela luminiscente que formaba mi barco al navegar. Que tonterías se te ocurren navegando de noche. ¡Tonterías! ¿? las medusas se quedan atrás y estas me siguen, acompañadas de un sonido que se asemeja a un suave silbido.
¡Dios mío !! me fijo bien y allí no había nada . Ni medusas ni luminiscencia en la estela, aquí la luz que proviene del puerto ya es intensa y solo se ve el negro del agua , el sonido de mi motor me da fortaleza, arrió velas, atiendo a la maniobra y al atraque, y me olvido del asunto, pero … ya hace algunos meses de esa navegadita nocturna y no he conseguido olvidarlo del todo, y tampoco salir a navegar si no hay un sol claro y fuerte ahí arriba.
Esto me relata un autodenominado ex-navegante solitario, que prefiere que silenciemos su nombre.
Dos grandes medusas fosforescentes, se me antojaron los ojos de una formidable criatura, cuyo contorno estaba formado por la estela luminiscente que formaba mi barco al navegar. Que tonterías se te ocurren navegando de noche. ¡Tonterías! ¿? las medusas se quedan atrás y estas me siguen, acompañadas de un sonido que se asemeja a un suave silbido.
¡Dios mío !! me fijo bien y allí no había nada . Ni medusas ni luminiscencia en la estela, aquí la luz que proviene del puerto ya es intensa y solo se ve el negro del agua , el sonido de mi motor me da fortaleza, arrió velas, atiendo a la maniobra y al atraque, y me olvido del asunto, pero … ya hace algunos meses de esa navegadita nocturna y no he conseguido olvidarlo del todo, y tampoco salir a navegar si no hay un sol claro y fuerte ahí arriba.
Esto me relata un autodenominado ex-navegante solitario, que prefiere que silenciemos su nombre.


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